Chacahua y los sueños luminosos

Desde hace mucho tiempo tenía ganas de ir a este lugar, cada vez que veía las imágenes en Facebook o en revistas siempre me imagina que ese las aguas de esa laguna era mágica.

Pues bien en el puente del 15 de septiembre me animé a ir a las Lagunas de Chacahua que quedan a 40 minutos de Puerto Escondido, Oaxaca. Anteriormente ya había tenido la oportunidad de ir a las playas oaxaqueñas, una de los lugares costeros más tranquilos para pasar unas vacaciones en familia.

Esta aventura la hice con el Muchiteco, luego les contaré más a detalle quién es él, partimos el jueves 14 eso de las 10 de la noche. Decidimos irnos en carro, cargamos nuestras dos pequeñas maletas y muchas ganas de disfrutar este fin de semana patriótico. Tardamos en llegar 24 horas ya que no había contemplado el huracán Max, quien un día antes tocó tierra y causó muchos derrumbes y postes tirados.

Como llegamos en la noche, dejamos el carro en una pensión cerca de la playa, después una lancha nos llevo hasta Chacahua, La lancha era grande, el muchiteco se sentó ja un costado de la lancha, “es para que se nivele y no se vaya el peso de un lado”, así nos dijo Daniel, el que maneja la lancha y dueño del hostal en donde nos quedamos. Cuando nos empezamos adentrar en las lagunas, no pudimos apreciar el paisaje, la obscuridad predominaba, en el agua solo se alcazaba a ver el reflejo de las estrellas.

“Lo que ven como una mancha gris es la vía láctea….bueno no se si es la láctea o cual pero es una vía, me lo dijo un gringo que se hospedo ahí mismo” nos dijo Daniel mientras se ubicaba con una lamparilla. A 20 minutos después de haber partido, el agua que salpicaba la lancha empezaba a ver de un color luminiscente, habíamos entrado a las lagunas luminiscentes, ese color es inolvidable, el colore es blanco y azulado. Mi curiosidad me animó a sacar el agua de la lancha y tocar el agua, parecía que el agua era un texto y mis dedos un marca texto que remarcaban las palabras más importantes.

Llegamos a tierra firme, y lo único en lo que penábamos el muchiteco y yo era en comer, en un día no habíamos comido bien, sólo probamos chatarra y teníamos ganas de un platillo bueno. Daniel le habló a su familia para que nos hiciera algo de comer, mientras él nos daba las llave de los cuarto, su esposa nos enseñaba el menú.

Dejamos las cosas en los cuartos y bajamos a cenar yo pedí un filete de pescado y él unos ricos tacos. Lo que me gusto de esa casa es que esta en frente del mar y muy cerca de una plaza. Terminamos de cenar y nos fuimos a descansar. Durante la noche, la lluvia no cesaba y poco a poco aumento su intensidad, según los locatarios, no se había registrado una lluvia tan fuerte desde hace tiempo, “se me hace que ustedes trajeron esa lluvia porque estuvo muy fuerte”, nos dijo la señora de la tienda que estaba a dos casas de hostal.

Al día siguiente el cielo estaba despejado, parecía que no había caído un tormento un noche anterior, salimos a desayunar y nos fuimos a la playa nadar y asolearnos siguiente, pasamos unos ahora en la playa viendo como practicaban el surf algunos hombres, la mayoría de ellos extranjeros. Aquellas olas no se comparan con otras de la República Mexicana, aquellos hombres estaban sentados en sus tablas, esperando cazar una gran ola, eso era como ver un hombre entrar al rodeo con toros y esperar al más bravo para montarlo y no dejarse caer.

La playa era pequeña, algunas personas prefería quedarse a tomar una cerveza, un coco o una limonada en los restaurantes que estaban a las orillas, otros estaban acostados en la arena. Nosotros después de remojarnos en el mar (así decía mi abuelita) caminamos por las rocas las cuales ayudaban al impacto de las bravas olas.

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Regresamos a nuestros cuartos y nos dimos unos bañamos, nos vimos en el comedor y planeamos que hacer. Después de comer, fuimos al pueblo antiguo de Chacahua, en el cual está atravesando el mar, a 5 minutos de donde estábamos. Fuimos al cocodrilario, y al foro….aquí les dejo unas fotos.

Ya para el atardecer lo vimos sobre la roca del arco, pudimos admirar como el sonido de las olas armonizaban aquel paisaje en donde los colores naranja se degradaban con el amarillo de los rayos del sol.

Ya para la noche decidimos descansar un poco ya que nos esperaba el punto principal de este viaje, nadar en las aguas de las lagunas luminosas. Cenamos algo ligero mientras la familia de Daniel veía la pelea del Canelo, aquí en México ya se ha vuelto una tradición que hagan peleas para celebrar nuestra independencia.

Ahora si nos fuimos, varias familias iban en la lancha para nadar, vimos que nos adentrábamos en el mar. Cuando llegamos los niños fueron los primeros en bajar, para no perder la bonita costumbre yo fui la tercera en entrar al mar, Muchiteco me distinguir por el brillo del agua. Eramos los únicos, alcanzamos a ver los pescados gracias al brillo del agua, estuvimos ahí al rededor de 40 minutos, el agua no estaba fría, llegaban corrientes frías pero predominaba lo caliente. Por desgracia las fotos que tengo no se ven bien. Llegamos muertos al hotel así que decidimos dormirnos.

Ya era domingo y era hora de regresarnos, por desgracia teníamos que prevenir los derrumbes por lo tanto salimos a media hora.

Así fue mi recorrido chicos, largo y muy bonito. Cumplí un sueño más y amo recorrer este país tan hermoso de una forma más económica. Saludos chicos del barrio y nos vemos en el siguiente post.