Estoy gorda, chaparra, fea y así me amo!!

Hace poco estaba hablando con una chavo y me dijo lo siguiente:

“¿Sabes? le enseñé tu foto a un amigo y me dijo que estabas fea, estás algo llenita, no eres atractiva”, a lo que yo le contesté: “Porque yo no le guste no significa que sea fea, me gusta como soy, lo que soy y eso es con lo que me quedo”.

Empiezo así este post porque hoy quiero hablar sobre la aceptación a nuestro físico. Les contaré que hablar de esto es algo difícil pero necesario. Nuestro físico es la carta de presentación a los demás, es un punto de referencia muy importante que ha hecho esta sociedad, si no tienes mucho pecho, rasgos finos, blanca y flaca significa que estás fea, si como lo lees, fea, pero ¿porque nos casamos con estás ideas? ¿Necesito la aceptacion de los demás para quererme? ¿realmente estoy fea?

Estas preguntas me las hice toda mi adolescencia, parte de mi juventud. Hasta los 30 años entendí y vi que todas estas ideas me las hice yo, por querer parecer alguien de una revista, una artista, por querer ser un a talla que no soy. Este post lo voy a dividir en dos partes, una hablaré de la cara, otra del cuerpo.

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Cuerpo

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Creo que todas las mujeres tenemos complejos con nuestros cuerpo, que si es flácido, que si estoy enana, que si estoy alta, que si tengo cadera. En fin, buscamos peros a algo con lo que vamos a vivir toda nuestra vida, ese lugar que es nuestro templo. Pues bien, este tema siempre me ha causado conflicto, ya que en algún momento no aceptaba mi cuerpo, no me gusta tener las piernas que tengo, no tener cintura, tener poco pecho. Llegó un momento en el que no me sentía nada femenina, no tenía esa conexión entre mi cuerpo, mi mente y mi ser. Un día me paré frente al espejo y me dije: “¿Porque siempre te estás criticando?¿Porque no ves lo hermosa que eres? no tienes el cuerpo de Rihanna, pero tienes unas piernas espectaculares, no tienes cintura y eso no significa que no te quede cierta ropa. No tienes mucho pecho, pero tienes el adecuado a tu figura.”

 

Todo esto empezó a dar un discurso y ver que mi cuerpo, aparte de ser mi templo se convierte en la herencia de mi familia, me da a entender que yo vengo de un lugar y pertenezco a una tribu. Por ejemplo, yo tengo mucha pierna y poco pecho porque la familia paterna de mi papá es así, soy muy tosca porque la abuela de mi papá era así. En pocas palabras, yo soy así porque vengo de una familia. Tengo un origen, mi familia tiene raíces africanas, francesas e indígenas. Soy un licuado de orígenes jajajaja.

Después de ver esto, empecé aceptar más mi cuerpo y a cuidarlo. Me preocupaba que comía, que se moviera más. Todo esto no lo hice por una cuestión estética, lo hice porque sé que vengo de una familia en donde es fácil subir de peso, que la mayoría de mis antepasados tienen enfermedades crónicas y yo quiero prevenir eso.

 

Después de eso, empiezo ver mi cuerpo de diferente forma. Cuando compro ropa ya no me importa la talla, sé que tengo un cuerpo sano y me gusta lo que veo, además mi complexión me hace ser realista, siempre seré una talla 7 y le tendré que cortar el largo a los pantalones, sé que en tiendas americanas y europeas puedo llegar a ser talla grande o extra-grande.  Cuando compro blusas busco alguna que me marque un poco la cintura, dependiendo el corte puedo llegar a ser chica o extra-grande.  Ya no me fijo tanto en la talla, sé que tengo un cuerpo sano, con lonjas, con estrías. No soy perfecta y así me gusto, así me acepto.

 

 

Mi Cara:

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Ese mismo día cuando me paré frente al espejo, vi mi cara. Odiaba mi nariz, mi cara tosca, mi cabello rebelde y sin forma, mis ojos pequeños. En pocas palabras me destruí y siempre lo hacía, me arreglaba sólo porque tenía que hacerlo. Ese día vi que tenía unos ojos muy expresivos, mi cabello lo tenía tan cuidado y hermoso, una cantidad abundante, tenía una piel muy cuidad. Empecé a ver que me consideraba poco agraciada por no tener rasgos finos, por tener una nariz muy tosca. Junto al espejo tengo una foto de mis papás y vi que yo sólo soy su copia, tengo la nariz de él, la boca de mi abuelito, el color blanco de mis abuelitas, el cabello de mi mamá. Esto solo me confirmaba que yo vengo de una familia, que tengo algo de esas personas que amo.

 

Creo que en algún momento de nuestras vidas nos sentimos feos, vulnerables, muchas veces tenemos inseguridades porque nos comparamos con alguien, cuando no vemos lo valiosos y hermosos que somos. Podremos tener defectos, pero esos defectos nos hacen únicos. Hay que recordar que este cuerpo va estar con nosotros, y es mejor querernos y amarnos a estar llenandonos de prejuicios que sólo nos van a perjudicar. No hay un manual dónde diga quién es guapo y quién no, todos somos hermosos y tenemos algo que nos hace especiales, pero no esperemos que alguien llegue a decirnos o hacernos sentir bien con nuestro físico.  Te propongo que terminando este post te mires al espejo y te digas “soy hermos@, me amo como soy, soy perfecta y soy la persona que tanto necesito ser” Hay que recordar que el amor propio no solo es aceptarse, es cuidarse, amarse y ver que la felicidad depende de uno y no de cosas externas. Y ustedes, ¿ya hicieron las pases con su cuerpo? Nos leemos en el siguiente post.

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