Bitácora de viaje 04: Rodando en plena cuarentena.

Tengo que confesar algo, los jueves no me gustan. No tiene nada que ver con que el jueves quiere ser viernes o esas cosas raras. No me gusta porque siento que es un día de malas energías: por ejemplo un jueves me dio por segunda vez sarampión, un jueves  el Servicio de Administración Tributaria (sat) me requirió unos pagos de unos impuestos, un jueves me caí en una coladera….. simplemente los jueves y yo no nos llevamos.

Por desgracia hoy es jueves,  estamos en cuarentena y necesito ir a trabajar. Los colores de las mañana iluminan mi recamara, desde mi cama parece que los rayos del sol quieren jalarme a la realidad. Despierto totalmente y me arreglo, bajo y veo que mi papá ya está desayunando, huevos con nopales, fruta y café. Últimamente no se escucha otra cosa en casa que no sea sobre las conferencias vespertinas que el gobierno de México da para informar como va avanzando el covid-19 en nuestro paìs, yo me imagino que es como una guerra contra el ejercito más poderoso del mundo, y en la radio solo se informa sobre muertos, heridos y el país apunto de estallar.

Es hora de salir, como nos encontramos ante una pandemia, el gobierno dio algunas indicaciones, no salir solo si es necesario: en mi caso si lo es, guardar distancia de un metro y medio entre personas, usar cubrebocas y guantes, no tocarse ojos, boca, nariz y orejas. Tengo que usar el transporte publico y la verdad eso me genera mucha ansiedad, podría usar coche pero eso me estresa y no tengo; así que mi única opción es: mi bicicleta.

Son las 9 de la mañana, me encuentro rodando sobre una de las avenidas más transitadas de la Ciudad de Mexico (CDMX para los amigos): Eje Central. Las calles están tapizadas por Jacarandas de la temporada, el aire sopla un poco y hace que las ramas tiren estas flores y caigan cuando estoy rodando, algo fabuloso para mí.

No llevo más de un kilometro y ya estoy sudando como pollo en rosticería, puede ser el calor, puede ser la humedad de mi ciudad, puede ser que voy más rápido y no por mi gran agilidad en la bici, sino por la falta de trafico. Hasta el momento no me he topado ningún trolebus, las paradas se encuentran muy solitarias, a estas horas, la ciudad ya es un caos, millones de mexicanos se dirigen a sus trabajos, otros a sus escuelas, pero desde que el gobierno recomendó que lo mejor era quedarse en casa y aumentaron las muertes por el coronavirus, algunos patrones decidieron mandar a su personal hacer home offices, otros les dieron vacaciones por adelantado con el pago del salario mínimo  (150 dlls para todo el mes) y a otros los despidieron por falta de liquidez. Por esta razón, cada vez hay menos personas en las calles de la ciudad.  

Me tocó el alto de eje central y eje cinco, en contra-esquina de donde yo estoy está un banco llamado Banamex, y en frente de este hay como 3 puestos ambulantes de comida mexicana, uno es de tortas, otro de tacos de guisado y el ultimo de sopes y quesadillas. Aquí entre nos son muy buenos, me estoy desviando de lo que les quería decir, pero la comida es la comida. Regresando al tema, a estas horas esos puestos están tan llenos que no puedes caminar por ahí, pero ahora se encuentran muy solos, solo tienen muy pocos comensales.

Sigo avanzando, son 9:30 se la mañana y ya voy a la mitad del camino, mi nivel de sudoración sigue aumentando, apenas voy recordando que no me puse bloqueados y en un futuro no muy lejano me lamentaré de esto.

Cuando voy rodando no acostumbro a escuchar música, digamos que aún me considero una amateur en el arte de la bicicleta, eso si he desarrollado una habilidad, el ver con los oidos, sé que suena raro, pero cuando vas en la bici, tu vista va al frente y tus oido se vuelve tus ojos al rededor de ti. Para mi escuchar los sonidos de la calle se volvió un concierto de musica instrumental, llega un momento en el que lo disfrutas tanto que eres capaz de escuchar a la perfección el violin, la trompeta y el chelo al mismo tiempo que disfrutas toda la obra. En esta sinfonía, escuchaba como iban mis ruedas, el claxon del taxi que iba junto a mi para avisarme que iba a dar vuelta, un niño llorando porque no le querían comprar su pan y de fondo una canción de los ángeles azules, esa que habla de que se enamoro de una chica que tiene inocente la mirada. Aquí se las dejo.

Antes de llegar a mi destino, tengo que pasar por uno de los mercados más populares de la CDMX, el mercado de Jamaica, el cual está lleno de comerciantes al servicio de la comunidad. Este mercado tiene varias secciones, las más populares son las de alimentos y flores. Así como les contaba de las personas que vendían comida en frente del Banamex y no tenían mucha clientela, pues así está este mercado, un día normal me costaría mucho rodar ya que la gente llega hacer hasta 3 filas  para poder estacionarce e ir a comprar su mandado (lo que necesitan para sus alimentos), pero hoy puedo rodar sin problema, la falta de consumidores està afectando el comercio en este mercado.

Los voy a poner un poco en contexto, en México hay màs de 31 millones de personas que se dedican al trabajo informa y por esto nos referimos a personas que su labor no les da acceso a la seguridad social y no recibe un pago fijo. La mayoría trabajan en mercados, tianguis, calles (como franeleros o viene viene), en el metro, repartidores de comida, freelance. Por desgracia, aquí en México y algunos países de Centro y Sudamerica, el covid-19 no solo pega en la salud, también en la estabilidad económica de muchas personas, ya que ellos viven al día, si no trabajan un día, no comen un día.

En internet ruedan muchos videos sobre europeos recomendando que los mexicanos deben quedarse en casa, gente con un poder adquisitivo mayor insiste que se guardar para que el virus no se propague, por desgracia muchos no pueden ejercer esto. México tiene un servicio de salud para todas aquellas personas que no cuenten con uno (ya sea del trabajo o de forma independiente) pero esto no ayuda a llevar el sustento a su casa. Como les decía al inicio el Covid-19 es un ejercito muy poderoso que está atacando por donde más puede.

Entre tanto chisme, temo decirles que ya  me perdí. Me encuentro en el metro San Lazaro, se supone que yo tuve que llegar a la calle Albañiles, ahí por donde está la Carcel de Lecumber, esa carcel en donde grabaron la escena de la pelicula Nosotros los pobres,  en donde pedro infante lo encarcelan por matar a una usurera y dentro de una celda se agarra a golpes con el verdadero asesino, una gran pelicula que por cierto llorè como magdalena con la trilogía, aún duele en el corazón. Ahora tendré que buscar como llegar a mi trabajo, según google maps estoy a 5 min, creo que los dejarè para no volverme a perder. Nos vemos en la siguiente entrega!!!

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